miércoles, 19 de agosto de 2009

Mi estudio. Si pudieran leerlo, pero es largo!...

¿Cuáles son los factores psico sociales determinantes para que los y las adolescentes incorporen su identidad e imagen libremente, como proceso de resiliencia emocional?

La adolescencia es una etapa del ciclo vital donde hay retos y obstáculos significativos para el adolescente que ve enfrentado su desarrollo, en primera instancia, de su identidad y a la necesidad de conseguir la independencia de la familia manteniendo al mismo tiempo la conexión y la pertenencia al grupo (Vinaccia, 2007).

La identidad se entiende como la síntesis personal de percepciones del individuo de sus características y habilidades, creencias y valores, relaciones con otros y el lugar de su vida en el mundo. (Arnett, 2008). Esta síntesis se hace en consonancia con los nuevos impulsos, capacidades y posibilidades para alcanzar la sensación interna de bienestar psicosocial. (Krauskopf, 2004). Es una afirmación, un sentirse vivo y activo, ser uno mismo, la tensión activa y confiada y vigorizante de sostener lo que me es propio; es una afirmación que manifiesta una unidad de identidad personal y cultural. Estos dos niveles, el de identidad personal y el de la identidad cultural, interactúan durante el desarrollo y se integran para lograr una unidad cuando se logra culminar exitosamente este desarrollo.

La identidad se da como el resultado de tres procesos: biológico, psicológico y social, los cuales están en una interacción ininterrumpida de todas las partes y gobernado por una relatividad que hace que cada proceso dependa de los otros, lo que se llama "fisiología del vivir". Los procesos psicológico y social confluyen en uno solo: "En realidad todo la interrelación entre lo psicológico y lo social, lo referente al desarrollo individual y lo histórico, para lo cual la formación de la identidad tiene una significación prototípica, podría conceptualizarse sólo como una clase de relatividad psicosocial". (Erikson, 1968).

La teoría de Erik Erikson que describe el desarrollo evolutivo de la Identidad, coloca a la adolescencia en el estadio de Identidad vs. Confusión de identidad, integrando el grupo de sujetos desde la pubertad hasta la edad adulta temprana. El adolescente debe determinar su propio sentido de sí mismo, adquiriendo la virtud de la fidelidad. (Erikson, 1968) Este proceso está plagado de experimentación, fracaso y reintento en búsqueda del logro efectivo y eficiente.

La identidad se ve inicialmente trastornada en la primera adolescencia, va gradualmente reintegrándose durante la adolescencia media y se integra y estabiliza por último en la adolescencia final o adultez joven. (Lowe, 1979).

Según esto, el desarrollo de la identidad tiene su momento crucial en la adolescencia, aunque se repite a lo largo de toda la vida. Esta etapa es importante desde la perspectiva del desarrollo y configuración de la personalidad pues en ella se definen aspectos de gran importancia para la vida futura. La adolescencia es principalmente la etapa de desarrollo de una identidad, de la propia irrepetible individualidad personal, conociéndose a sí mismo y siendo uno mismo. Este desarrollo se verifica en relación a los cambios y al esfuerzo de síntesis del yo en relación con estos cambios.

El joven llega por su propio camino y a su propia manera a este crecimiento y maduración. Pero se encuentra afrontando cotidianamente los problemas que le rodean. Es normal que experimente crisis y que muestre un cierto grado de desorganización y confusión ya que debe establecer un logro de identidad, partiendo de un universo ilimitado de modelos y de estímulos, definiendo aspectos claves de sí mismo y de su relación con el ambiente.

Cuando los adolescentes perciben que no pueden enfrentar sus cambios y problemas de forma eficaz, su comportamiento puede tener efectos negativos no sólo en su propia vida sino también en el funcionamiento de sus familias y de la sociedad (Vanistendael, 2005), de allí la importancia de tener en cuenta la calidad de las relaciones con los jóvenes y los estilos de abordaje de estas situaciones de integración de identidad.

La resolución de la problemática de la identidad se manifiesta en función de la experimentación de su crisis y de la realización de compromisos en aspectos centrales de la vida, opción vocacional, creencias ideológicas y religiosas entre otros. Esto tiene que ver con la forma como resuelve su crisis de identidad y va hacia el compromiso.

Los estados de identidad que presentan diversos niveles de organización que pueden modificarse a medida que la persona desarrolla son:

- Logro de Identidad
- Exclusión
- Difusión de identidad
- Moratoria

Erikson utiliza estos conceptos enfatizando como se definen en relación al compromiso y a la crisis:

- Logro de Identidad: Después de una crisis en la cual ha gastado energías buscando opciones, la persona manifiesta gran decisión.
- Exclusión: la persona toma decisiones, pero en lugar de soportar crisis de identidad ha aceptado asumir los planes de otras personas.
- Difusión de identidad: Evita a toda costa el compromiso y la toma de decisiones.
- Moratoria: La persona se estanca en su crisis y posterga compromisos. (Erikson, 1968)

Dina Krauskopof, en su ensayo “El desarrollo psicológico en la adolescencia: las transformaciones en una época de cambios”, cita que en el funcionamiento psicológico, las dimensiones más destacadas del desarrollo adolescente se dan en el plano intelectual, sexual, social y en la elaboración de la identidad. Afirma que existen tres fases para analizar su desarrollo. No se trata de secuencias rígidas, pues las aceleraciones y desaceleraciones de los procesos dependen de las diferentes subculturas, la situación socioeconómica, los recursos personales y tendencias previas, los niveles alcanzados de salud mental y desarrollo biológico, las interacciones con el entorno, y las relaciones de género y las relaciones intergeneracionales. Denomina las fases como Fase puberal, Adolescencia media y Adolescencia tardía o Fase Final del periodo adolescente. Presenta de forma esquemática cambios relevantes que pueden reconocerse en las tres principales fases de la adolescencia.

Fases de la adolescencia
I. Temprana (10 - 13 años) Preocupación por lo físico y emocional
- Duelo por el cuerpo y por la relación infantil con los padres
- Reestructuración del esquema e imagen corporal
- Ajustes a emergentes cambios sexuales físicos y fisiológicos
- Estímulo de las nuevas posibilidades que abren estos cambios
- Necesidad de compartir los problemas con los padres
- Fluctuaciones del ánimo
- Fuerte autoconciencia de necesidades
- Relaciones grupales con el mismo sexo
- Movimientos de regresión y avance en la exploración y abandono de la Dependencia.

2. Media (14 - 16 años) Preocupación por la afirmación personal social
- Diferenciación del grupo familiar
- Duelo parental por la pérdida del hijo fantaseado
- Deseo de afirmar el atractivo sexual y social
- Emergentes impulsos sexuales
- Exploración de capacidades personales
- Capacidad de situarse frente al mundo y a si mismo
- Cuestionamiento de aspectos comportamentales y posiciones previas
- Preocupación por lo social
- Grupos heterosexuales
- Interés por nuevas actividades
- La pareja como extensión del yo
- Búsqueda de autonomía.

3. Final (17 - 19 años) Preocupación por lo social
- Búsqueda de afirmación del proyecto personal-social
- Reestructuración de las relaciones familiares
- Locus de control interno
- Desarrollo de instrumentos para la adultez
- Exploración de opciones sociales
- Avance en la elaboración de la identidad
- Duelo parental por la separación física
- Grupos afines en lo laboral, educacional, comunitario
- Relaciones de pareja con diferenciación e intimidad
- Capacidad de autocuidado y cuidado mutuo

Se intuye, por las observaciones realizadas a los y las adolescentes y el entorno, que ellos en nuestra sociedad atraviesan por dificultades cada vez mayores debido a la presión de los problemas del entorno social. Esto haría posible que experimenten la crisis normal de identidad en forma más intensa y que se agrave su confusión y malestar, cuyo resultado se vería expresado en el aumento de los índices de deserción estudiantil, delincuencia, depresión y violencia que afecta a un sector juvenil en proporciones crecientes en los últimos años. La presión de los conflictos sociales que vivimos en la actualidad se entiende como una causa fuerte en los procesos normales de la integración de la identidad en los jóvenes.

Frente a la confusión social, los jóvenes experimentan dudas sobre sí mismos y sobre su papel en la sociedad. En muchos casos la frustración de sus expectativas los lleva a conductas negativas como expresión de su confusión de identidad. Gran parte de estas tendencias negativas de la identidad se corresponderían con las contradicciones y pérdida de los valores que se traduce en crisis social.

Es necesario encontrar la correspondencia entre el desarrollo crucial de la individualidad que se verifica en la adolescencia y en los primeros años de la etapa juvenil y las influencias sociales (la facilitación recíproca entre el desarrollo de la identidad individual y el desarrollo social). También es necesario e importante comprender la problemática individual de identidad del joven, conocer el cómo se ve afectado por influencias educativas directas de las instituciones a las que pertenece. La conformación de la identidad personal se vería favorecida o dificultada por la ausencia o presencia de conflictos mayores en estos ámbitos. En su mayoría, los jóvenes son producto e imagen del ambiente en el que se desarrollan.

En mis observaciones y relaciones con los y las adolescentes, he visto que en este proceso llegan a hacerse, consciente o inconscientemente, tres preguntas simultáneamente. Dos hacia el exterior:

¿Quién cree usted que soy yo?, buscando la imagen proyectada por ellos mismos y su aceptación, la aprobación de lo que es y de lo que ensaya ser. Sondea.

¿Cómo es usted?, y se la hace a su ambiente, a su interlocutor. Intenta ver ejemplos de resultados en la integración en otros, cómo han sido los logros, fracasos y reintentos, tomando lo que le sirve y rechazando o desechando lo que no, criticando y revisando su entorno, sus relaciones, las personas que tiene o adquiere. Juzga.

La tercer pregunta es la interior, la antigua, filosófica y vital ¿Quién soy yo?, y se establece el arranque por responderla en todo este proceso, aunque su respuesta irá dándose a lo largo de toda su experiencia de vida. La respuesta que se logra no es absoluta y siempre está cambiando, pero nunca se deja de buscarla. Vive.

En el transcurso de la vida se les da respuesta una y otra vez, sin contestarlas jamás completamente. Para la psicología, la identidad es una necesidad básica del ser humano en tanto poder responder a esa pregunta de ¿quién soy yo?, es tan necesario como recibir afecto o alimentarnos.

Erich Fromm plantea que: "esta necesidad de un sentimiento de identidad es tan vital e imperativa, que el hombre no podría estar sano si no encontrara algún modo de satisfacerla". Según lo que él expone, la identidad es una necesidad afectiva ("sentimiento"), cognitiva ("conciencia de sí mismo y del otro como personas diferentes") y activa (el ser humano tiene que "tomar decisiones" haciendo uso de su libertad y voluntad).

La identidad tiene que ver con nuestra historia de vida, que será influida por el concepto de mundo que manejamos y por el concepto de mundo que predomina en la época y lugar en que vivimos. Hay en este concepto un cruce del individuo, de grupo sociedad, por un lado y de la historia personal con la historia social, por otro. Los individuos, los grupos y las culturas tienen conflictos de identidad. Hay una identidad personal y varias identidades colectivas que debemos integrar en el proceso.

El proceso y hecho que los jóvenes logren una integración de su identidad positiva y favorablemente es un éxito no sólo personal, sino de todo el sistema social en el que vive.

El término resiliencia, entendiéndose como la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves, puede aplicarse al logro de la conformación de identidad, debido a todos los eventos y procesos traumáticos que una persona experimenta en su sexualidad, esquema corporal, autoestima, destrezas intelectuales, vocación, individuación, autonomía, espiritualidad, participación social, proyectos de vida y personalidad para integrar positivamente su identidad.

Todos nacemos con una resiliencia innata, y con capacidad para desarrollar rasgos o cualidades que nos permiten ser resilientes, tales como el éxito social (flexibilidad, empatía, afecto, habilidad para comunicarse, sentido del humor y capacidad de respuesta); habilidad para resolver problemas (elaborar estrategias, solicitar ayuda, creatividad y criticidad); autonomía (sentido de identidad, autosuficiencia, conocimiento propio, competencia y capacidad para distanciarse de mensajes y condiciones negativas); propósitos y expectativas de un futuro prometedor (metas, aspiraciones educativas, optimismo, fe y espiritualidad) (Benard, 1991).

La resiliencia no es un rasgo genético que poseen sólo algunas personas más fuertes, por el contrario, es la capacidad innata para hacer las cosas correctamente, (Werner y Smith, 1992) para transformar conductas y lograr cambios (Lifton, 1993).

Este fenómeno trae a la comunidad científica la esperanza de una prevención satisfactoria, algo de esperanza realista o promesa optimista (Rutter, 1978). Promesa, porque este fenómeno psicológico complejo que existe latente en todos los seres humanos puede ser estimulado y lograr que jóvenes, los niños, los adultos, las familias, el sistema educativo y las comunidades sobrevivan y se sobrepongan, pasiva o activamente, al medio adverso. El estímulo debe ser mantenido por cierto tiempo, que puede ser meses o años, ya que estamos frente a un proceso psicológico que debe mantenerse por muchos años, sino toda la vida.

El esfuerzo o inversión social que debe realizarse es grande, si se entiende que la adolescencia, en este caso, es una enorme población muchas veces en condiciones de invisibilización y adversidad y los logros, en términos de impacto, no bien conocidos aún por estudios científicos, pero que la voz de los casos de adolescentes con una identidad resiliente gracias al estímulo exterior, es cada vez más conocida.

La resiliencia nunca debe confundirse con la resistencia. Resistencia al cambio, a no avanzar, a estancarse, sino la resiliencia es una capacidad que todos tenemos, pero que depende mucho del desarrollo y estimulación que tengamos. Esta se va a manifestar o se va a inhibir. Todos tenemos dosis saludables de resiliencia y la hemos experimentado al superar cosas en la vida que consideramos haberlo hacer exitosamente. La resiliencia nos permite prevenir, minimizar, o sobreponernos a las adversidades. Con esto no digo que la adolescencia sea en sí una adversidad, sino a los factores sociales y emocionales que muchas veces llevan a vivir la adolescencia traumáticamente, desembocando en psicopatologías tanto para la persona como para la sociedad.

Ana Freud afirmaba que la adolescencia produce su propia sintomatología que, en los casos más graves, está en la frontera de una conducta casi asocial y casi psicótica, donde la patología desaparece también cuando la adolescencia ha terminado (Freud, 1965). Si bien esta afirmación corrobora en parte lo que digo, no comparto que la sintomatología sea generalizada ni desaparezca completamente al final de la adolescencia, pues podrían darse exclusiones, difusiones de identidad o moratorias que, independiente de la edad cronológica, pueden subsistir a la adolescencia misma y ser crisis no resueltas en adultos.

Nuestra sociedad, adultocentrista pero plena de jóvenes, en muchas ocasiones ha establecido (estigmatizado) para la adolescencia un papel de grupo social específico con carencias para la participación social plena por una parte y por otra un grupo especialmente privilegiado, sin embargo en la mayoría de las situaciones es un colectivo muy visto y criticado pero poco escuchado y observado para comprendérsele. (Lowe, 1979).

Esta crisis que experimentan nuestros chicos y chicas, se presenta con manifestaciones de cólera y desprecio hacia los padres y dudas sobre la propia persona, que los lleva a tener reacciones de irritabilidad, melancolía, tensión, lasitud y aislamiento.

Estas crisis se ven favorecidas si además, las personas que los rodean ven esos cambios como signos de desequilibrio y exaltan negativamente sus acciones con burlas y críticas, hecho que repercute en su autoimagen y en las relaciones.

Quizás las crisis que todos los adultos han experimentado en la integración de su propia identidad han llegado a convertirse en verdaderos traumas sociales causantes de una promoción de invisibilización de los adolescentes y que en ocasiones obstaculizan la resolución satisfactoria de las situaciones desestabilizadoras, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves que se viven en esta etapa del desarrollo. Es irónico que la sociedad adulta comience a exigirle a los adolescentes nuevas cosas justamente cuando comienzan a verse turbados por su propia adolescencia incipiente.

Muchas veces más que una estimulación, reciben una presión exasperante que los lleva a tomar decisiones erradas y que empeoran la situación. Se les exige una estabilidad, coherencia y consecuencia que no se ve en el dechado de su sociedad cotidiana y menos de sus familias, pero que es justificado pues el sistema tiene eternas dudas de qué puede legítimamente esperar de la juventud.

Los y las adolescentes buscan disminuir esta tensión, entre otros mecanismos, en el trato social con sus pares, mezclándose entre grupos y entablando conversaciones que no llegan a ser ejemplos de dialéctica ni de retórica, sino sencillamente medios para redefinir la identidad, expresando en palabras y códigos propios que manifiestan sus inquietudes e intereses aquello que piensan de sí mismos, de sus interlocutores, de la vida en general; palabras y códigos plagados de información de los cambios, a veces traumáticos (sexo, relaciones interpersonales, intereses y habilidades, familia, estudio, consumo, espiritualidad, sentimientos), que ellos mismos van experimentando en su desarrollo y que a muchos nos podrían parecer de mal gusto o incomprensibles, pero que a su vez deberían ser modificados y adecuados por los jóvenes en el entorno de la convivencia y consideración social.

En esta conformación de la identidad, el trato con otros es básico. El aislamiento y la retracción pueden, en ocasiones contadas, ser partes de una privacidad respetable y necesaria, pero siendo actitudes frecuentes pueden afectarlos en verdad.

En esta dinámica del trato con otros llegan a conocerse características y virtudes de los otros que pueden desearse para sí. Es importante comprender que suele tratar a los demás no tanto como individuos concretos sino como modelos o tipos con los cuales puede identificarse y llegar a ser o tener. Las identidades de los modelos y sus capacidades se ponen a prueba y se ensayan en sí mismos tratando de medirse, por así decirlo, si le calzan convenientemente. Estos modelos son muy variados, van desde adultos, otros adolescentes, personajes admirados públicamente y la integración de un modelo ideal que puede estar conformado por características de varios modelos elegidos.

Los jóvenes exigen y necesitan en cada momento una pluralidad de dechados para usar a cada uno como apoyo donde colgar un fragmento distinto de su propia personalidad desintegrada. Las variaciones y las contradicciones visibles no son más que los ingredientes por separado de lo que resultará la masa de una receta ideal, si las condiciones les son propicias. En este proceso a veces idealiza o inventa cualidades en las personas con las que se identifica, especialmente si los modelos elegidos no son claramente definidos. Los valores adquiridos en estadios anteriores y que le facilite el ambiente social son sumamente importantes para que formen el criterio de estas elecciones.

Las identificaciones adolescentes son a veces tan intensas que podrían llamarse sobre- identificaciones. Las manifestaciones emocionales y afectivas como los enamoramientos, las desilusiones afectivas, los enojos, las frustraciones, las afiliaciones a grupos e ideales entre otros, pueden ser para los adultos bastante histriónicos e histéricos, exagerados, pero en la mayoría de los casos temporales y superables con apoyo.

Lo contradictorio y pasajero de las identificaciones adolescentes sugiere que no son realmente completas y totales, sino parciales (Lowe, 1979). Los patrones y categorías que rigen la sociedad han sido establecidos por adultos que ya han atravesado y resuelto sus propias crisis de identidad y por increíble que parezca han logrado la amnesia de sus mismos procesos y crisis. Es así como los adultos, sean padres, profesores, encargados, profesionales en salud y autoridades civiles intentan forzar que los y las jóvenes encajen sumisamente en las clasificaciones clínicas y sociales convenientes al sistema y donde no cabrán ni del todo ni por mucho tiempo, pues sería como mantenerlos en corrales de donde se nos estarán escapando constantemente.

Todos ansiamos ser normales. La adolescencia no es la excepción y entre su normalidad está la exploración, experimentación y el error, pero también el reintento y de esto parte su resiliencia.

Más allá de las actitudes y acciones (reacciones) psicopatológicas encontradas en diversas culturas, donde se encuentran comportamientos delictivos o destructivos hacia sí y hacia otros (Papalia, 1989), es saludable una dosis de rebeldía como parte de la misma normalidad de su estadio.

Cuando un adolescente no logra ese sentimiento de unidad personal que es la identidad, no es difícil imaginar que se crea en el chico un gran dilema existencial porque no se puede no ser, entonces si no se puede ser lo que se quiere se elige el camino de ser lo contrario a lo que se debiera ser o lo que los demás esperan que seamos. Es algo así como si se llevara la contraria, ser lo contrario a lo que hubiese querido o podido ser. No es una elección sino una salida con un alto costo psicológico para el sujeto, para su calidad y para su proyecto de vida en un amplio sentido.

Cotidianamente en los colegios nos encontramos con una actitud en adolescentes y adultos jóvenes de decepción y frustración, no hay nada que les interese, esta todo mal, para que van a esforzarnos si después no hay trabajo; en casos más graves se refleja desde una actitud francamente agresiva, retadora y de violencia hacia su medio ambiente familiar, social y toda imagen de autoridad.

Aparecen también acá problemas como efecto de esta crisis de identidad negativa como cuadros de adicción (toxicomanías: drogas, alcohol, psicofármacos), trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia, depresión y ansiedad y en el más extremo de los casos el suicidio. Estas patologías de autodestrucción, cuando no han podido compensarse pese a los tratamientos terapéuticos y médicos, llevan al adolescente a su cometido.

Esta identidad negativa se alimenta de todo aquello que es rechazable, censurable particularmente desde el entorno social. Una identidad negativa denota un conflicto con el mundo, una actitud de desconfianza y recelo de todo lo que de allí provenga. Implica dos vacíos existenciales, no sentir paz interior al faltar ese sentimiento de unidad interior y no lograr desde alguna área de la personalidad (mental, afectiva, espiritual, material, social, familiar) algún grado de autorrealización y un vacío de esperanza y expectativas futuras lo cual afecta a crear algún proyecto de vida en tanto no se ha consolidado de alguna manera algo que los haga ser parte del mundo, esta implica interés por lo que pasa en él y un deseo de ser parte activa del mismo. Es como si el chico no se identificara con lo que pasa, como que el mundo que lo rodea y él o ella tienen necesidades diferentes, aquí con el agravante de que tampoco el sujeto sabe qué es lo que necesita y cual es su deseo.

Las crisis de relaciones padres-hijos adolescentes es tema extenso y permanente. Las malas relaciones y las presiones de padres a sus hijos pueden llevar a depresiones graves que, al igual que la angustia, pueden percibirse en los jóvenes en este proceso de conseguir independencia de los padres, donde primero los idealiza, luego los cuestiona, los repudia y finalmente se libera de ellos en una armonía de independencia cooperadora y afectiva.

Una dinámica familiar efectiva supone tolerancia, saber aceptar y también saber renunciar. En las familias que los valores y las normas no promueven el desarrollo de sus miembros pudiera manifestarse lo que se conoce como el complejo de Peter Pan, que se manifiesta como el miedo de algunos chicos a crecer y convertirse en adultos, lo que les hace refugiarse en sus actitudes infantiles que no estimulan la aparición de la necesidad de independencia, ni la búsqueda de identidad característico de la adolescencia. Por otra parte, en los padres en ocasiones se observa el temor a ver crecer a sus hijos , a ceder en el momento de la ruptura de los vínculos dependientes y la construcción de su proyectos propios futuros y la toma de decisiones de los hijos que genera mucha angustia y temor en los adultos.

La independencia del adolescente es una cosa buena, pero a menudo implica una pérdida de cosas y personas de las que desearía y le convendría depender aún. La base de la depresión de la adolescencia es un sentimiento de pérdida. Toda pérdida nos provoca crisis, que si bien nos pone en peligro y nos hace tomar decisiones abruptas, nos da la oportunidad para pasar de ser víctimas o perdedores a ser exitosos, supervivientes.

Algunas personas que pueden sobrellevar la pérdida experimentan sólo una depresión suave y pasajera, una moderada melancolía o vaga nostalgia por las cosas pasadas. Para algunos adolescentes la reacción puede ir más allá, hasta ser casi en su totalidad un período de tristeza y duelo. Para ellos el proceso de separación supera su propia capacidad, incluso hasta a atentar contra su propia vida.

La integración de la identidad implica la independencia y esta va directamente hacia la relación con sus padres. Muchas veces esta independencia o separación progresiva de los padres, ellos la traducen de un modo proyectivo, interpretándolo contrariamente como si sus padres los abandonaran. En este proceso, los jóvenes tratan de resolver la pérdida del vínculo con los padres mediante un sistema de sustitución o adhesión, donde los grupos de otros chicos son vitales y los amigos se vuelven primordiales.

Los padres pueden llegar a ser buenos padres de adolescentes, pero difícilmente pueden llegar a ser verdaderamente amigos de sus propios hijos según el concepto de amistad de los jóvenes y la necesidad de interacción social como se da entre sus pares. La imagen de sus padres (padre y madre) le representan tradicionalmente en esta cultura ley , orden y bienestar. El adolescente que no tuvo esto de sus padres o de una imagen positiva significativa (amigo mayor, profesor, familiar) en el momento de su independencia sentirá que el mundo no es bastante justo ni bueno. Sin embargo, la depresión y la ansiedad del o la adolescente son esencialmente facetas del problema principal de la adolescencia, la difusión de la identidad. Los adolescentes que no logran resolver sus crisis de identidad pueden seguir relacionándose neuróticamente con sus padres y de allí, con los otros.
Las relaciones interpersonales para los adolescentes tienen especial importancia y valor. No significa que las relaciones con los padres dejen de ser importantes, sino que los jóvenes se van haciendo cada vez más y más independientes y ensayan sus relaciones propias, establecen sus propias elecciones sociales y ensayan relaciones románticas e íntimas en orden de prolongarlas a la adultez (Arnett, 2008). Las relaciones con los pares y con los amigos se establecen principalmente en el ambiente escolar. Se dan las identificaciones con grupos donde pueden compartir intereses y actividades conjuntas que no siempre se puede dar en el ambiente familiar.

El ambiente y el sistema escolar deberían convertirse en espacios de encuentro donde se revelen los elementos de la cultura y donde se conozca la cultura experiencial de los alumnos derivada de los escenarios sociales en los que hasta el momento del ingreso a la escuela han constituido los principales espacios de aprendizaje, principalmente en la familia, y de esta forma brindar los conocimientos académicos relacionados y abiertos a la cultura vivencial del individuo.

El colegio es el centro donde se realiza la principal y más frecuente interacción entre la cultura adquirida en la familia y la cultura institucional. La instrucción secundaria va a permitir la visibilización de la cultura escolar en el alumno a través del currículum, que es la forma de organizar los conocimientos que se adquieren de manera planificada y formal. Existen alumnos que demuestran ser muy capaces de aprender en la experiencia cultural diariamente. Sin embargo, en el colegio no revelan la misma capacidad, existe una ruptura entre vida cotidiana y el colegio, y son pocas las investigaciones de cómo repercuten estas culturas en la formación de la identidad.

Por experiencia, si el joven se siente aceptado por una persona a quien quiere, si puede participar en un proyecto que da sentido a su vida tendrá un mejor concepto de sí mismo, se sentirá mejor valorado. Ciertos educadores saben muy bien que un chico aprende con mayor facilidad las competencias si se siente querido (Vanistendael, 2005).

Entre los elementos que permiten construir la resiliencia en la formación de la identidad de los chicos, encontramos elementos como la normalidad de la felicidad humana, ya descubiertos en la psicología, orientaciones ya puestas en la practica por los grandes pedagogos de la historia como por ejemplo Don Bosco, Juan Bautista de la Salle, Montessori y otros. De todas formas es útil ver que tales intuiciones son confirmadas desde otro punto de partida. En muchos de los casos la resiliencia se fundamenta en el vínculo y el sentido. Esta confirmación viene de muchas fuentes, especialmente de ciertos profesionales comprometidos en la prevención de suicidios de adolescentes.

Uno de las dificultades radica en la dicotomía entre los contenidos de la escuela con la vida cotidiana, al presentar tal abstracción que carecen del valor práctico, significativo y vinculante para ser utilizados cotidianamente. El chico aprende las estrategias para solucionar los problemas en el aula, pero el objetivo es enseñar aprendizajes significativos, conectados con la realidad social. Son estos contenidos los que nutren, los verdaderos desarrolladores de la identidad personal. La vía de asimilación de la cultura es el aprendizaje significativo.

Cuando los jóvenes son incapaces de aprender y sientan que su aprendizaje es práctico, y de exteriorizar sus conflictos de ansiedad y depresión, pueden abandonar la lucha y escapar de su realidad a su mundo interior de fantasía, a soñar despiertos como mecanismo neurótico de defensa, diferenciable de los casos de esquizofrenia adolescente existentes, necesarios de diagnosticar y tratar.

La depresión y ansiedad de esta etapa podrían hacerse crónicas y llevarlos a una creciente confusión, resentimiento, baja autoestima e ineptitud, llegando inclusive a creerse su propio enemigo.

Lo importante aquí es poder distinguir entre los desórdenes transitorios que se podrían llamar normales en la adolescencia, las perturbaciones de la personalidad previa y la crisis de adolescencia propiamente tal, que se producirá en el o la adolescente por una debilidad o carencia de recursos tanto internos como externos, frente a los logros que aspiran y logran alcanzar (Krauskopf, 2004).

El alcanzar nuestras aspiraciones es un deseo generalizado en todo ser humano y no hay cosa que despierte más hostilidad en los otros que el que uno no logre hacerlo de manera original y desaparecer en el ambiente socio cultural que tanto nos presiona a lograrlo. Pero para esto, el seguir modelos es básico para la conformación del propio paradigma aceptable a asumir y realizar los cambios pertinentes que permitan esa asimilación. Los cambios de actitudes, de gustos y la búsqueda de experiencias, en algunos casos de riesgo, desatan la preocupación de los adultos cercanos a los jóvenes quienes al mirar esos cambios, no propios ya de su edad, temen que sea un desequilibrio de su personalidad apenas en formación.

Muchas veces la inseguridad y conflicto en esta edad deriva de que sus necesidades y metas se excluyen entre sí en vez de complementarse y reforzarse mutuamente, siendo irreales e inadecuadas, inalcanzables, lo que es en sí un conflicto (Horrocks, 1984). Esto representa una bifurcación en el camino emprendido y debe de escogerse sólo una entre ambas metas o eliminarse ambas por completo y replantearse nuevas que corrijan y sustituyan la situación anterior y permitan avanzar. Sin embargo, la elección no es sencilla pues el adolescente carece del entrenamiento por experiencias pasadas en su toma de decisiones o sus elecciones han sido desafortunadas, lo que puede conducirle a evitar tomar elecciones conflictivas.

Cuando se quiera contribuir en la integración de identidad con resiliencia, no olvidemos la importancia de las necesidades, primeramente las necesidades físicas de base, como la alimentación y el sueño, la estabilidad emocional. Por ejemplo, un joven puede encontrarse en un estado tal de agotamiento físico y psíquico que hay que dejarle dormir en seguridad, durante días enteros si hace falta, antes que sea capaz de comprometerse en una trayectoria de reemprender la vida (Vanistendael, 2005).

La insatisfacción de sus necesidades necesitará métodos indirectos y paliativos que le permitan reducir sus impulsos. Fantasear constituye una de las técnicas que se emplean para obtener satisfacción y gratificación parcial de sus necesidades.

Por su parte, los deseos más populares de los adolescentes de nuestro ambiente sociocultural se dirigen a cosas que fomentan la suficiencia personal, como las habilidades en el colegio o en los deportes, la felicidad o la salud (Horrocks, 1984), encajar con el modelo de belleza de moda, ser popular y dar muestras que contribuyen al prestigio, como tener riquezas económicas, automóviles, artículos tecnológicos de comunicación (celulares y computadores) y ropa moderna y reconocida. Posterior y paulatinamente, según el desarrollo, aparecen el buen establecimiento de relaciones afectivas, la satisfacción sexual, encontrar su rol vocacional, el beneficio físico y emocional para sí y para los otros, la unión familiar y el altruismo, según sus experiencias y la realidad personal familiar, social y cultural que le configuran su esquema moral, de ideales y de valores lo suficiente flexible como para ser universalmente ético y satisfactorio.

El logro de integrar la identidad se logra cuando los cambios llegan a ser satisfactorios de sus necesidades y deseos, que los medios para lograr sus metas le sean convenientes en todo aspecto, reflejados como totales, congruentes, consecuentes, como una secuencia continua de sí mismo. Si no se logra, habrá pseudoidentidades difusas, contradictorias e intermitentes, sobreviniendo una tras la otra y sólo logrando identificaciones incompletas y fraccionadas.

En nuestra sociedad predomina un modelo caracterizado por el conformismo, la apatía, la carencia de valores, el individualismo, la desunión y diferenciación social, el incumplimiento de las normas y la negativa a aceptar y asumir los deberes cívicos, la intolerancia y la manifestación de actitudes y acciones violentas, racistas, homofóbicas y xenófobas. Muchas personas y organizaciones abogamos por aunar esfuerzos porque impere una sociedad más justa en la cual la diversidad cultural signifique el enriquecimiento de todos y no la relación jerárquica de unas culturas superiores sobre otras inferiores, donde no halla espacio para prejuicios, los dogmatismos irracionales e irrazonables y la intolerancia como el comportamiento social de todos y cada uno de nosotros.

La tolerancia está paradójicamente vinculada a otros valores y a la autonomía de los adolescentes. Difícilmente alguien heterónomo será tolerante. Quien sepa autocontrolarse, dominarse y posea una identidad definida estará en condiciones de abrirse a otras perspectivas y de establecer relaciones personales y sociales con quienes, siendo diferentes, son iguales en derechos y dignos de conocer y comprender.

El grado de tolerancia y la convivencia en la sociedad, en el ambiente familiar y escolar se puede descubrir mucho más atendiendo los ejes transversales del curriculum y los mensajes ocultos que a los manifiestos. En la familia no solo los mensajes explícitos sino los contenidos latentes en los comentarios y discursos y en los comportamientos pudieran indicar cuanto se estimula una cultura para apertura, la aceptación, el diálogo, la convivencia y la cotidianidad.

Es preciso el reconocimiento de la diferencia como derecho y que la convivencia con quienes son diferentes supone un enriquecimiento personal y comunal, promoviendo la integración de toda la comunidad en la cual vivimos; esto debería ser característico y reflejo de la familia y el sistema escolar. El logro sería que cada vez menos elementos de nuestra sociedad se sientan frustrados de ser ellos mismos en su mismo ambiente y que su ambiente les brinde las opciones y oportunidades para encontrar su papel.

Parte de la frustración de los adolescentes radica en no encontrar un rol social, vocacional, familiar y cultural que les sea satisfactorio y ante los fracasos reiterados o la desvalorización de sus esfuerzos pueden buscar una satisfacción inmediata a sus necesidades de logros, integración y atención (afiliación y logros), mediante acting outs, cuyas consecuencias no miden y habrán de asumir o añadir más a sus conflictos no resueltos, pero que sin embargo y momentáneamente les soluciona la situación presente, les gratifica en sus sentidos y en la necesidad de afecto y protagonismo.

Las reacciones de las personas adultas cercanas al adolescente tenderán a ver esas acciones como actos propios de alguien con una personalidad delictiva o enferma, y esa tendencia a rotular, que lleva a estigmatizarlos, sólo agravará situaciones que bien pueden ser únicamente actitudes caprichosas o perturbadas de quienes atraviesan esta edad, tratando de sobrevivirlas de la mejor manera en un ambiente que los presiona y haciendo uso de los elementos internos y externos con los que cada uno de ellos cuenta. Cada caso particular será una historia de frustración y fracaso o de logro y resiliencia, en dado caso de una satisfactoria conformidad.

El logro de haber superado las experiencias desfavorables en el intento por integrar la identidad hace que el adolescente o adulto joven exteriorice y ensaye esa identidad ante otros para su performance propiamente y la aprobación de otros en su medio socio cultural (Horrocks, 1984). Es su autorevelación, la salida de una mariposa de su capullo, entrenándose en su vuelo, no se trata tanto de la elaboración de un proyecto planificado de principio a fin, como podía esperarse tradicionalmente, sino del compromiso con pasos y experiencias dadas en su presente, que constituyan vías flexibles hacia los roles y metas de acuerdo con la incertidumbre de los tiempos.

En un mundo tan cambiante y donde se busca que la identidad y la imagen sea satisfactoria para sí y para otros, es necesario integrar una identidad resiliente, capaz de adaptarse según las necesidades propias, de su ambiente y de sus propios deseos, acomodándose a las relaciones que va estableciendo. Además debe ser una identidad capaz de anticipar y adaptarse constantemente a cambios, pero que sus resultados le sean conformes.
La resiliencia le permite tener una capacidad de cambiar antes de caducar, de renovarse emocionalmente. La educación es en parte la encargada de fortalecer la resiliencia de los muchachos, pero el sistema ha demostrado que no siempre está capacitado ni en disposición de brindarle las herramientas para que el adolescente forme una identidad resiliente. La resiliencia es una capacidad de acción y reacción, no es un conocimiento que hay que entender y ser aplicado, es una habilidad a desarrollar y las habilidades sólo se desarrollan con la práctica, por eso el sistema educativo en integración con la familia deberían brindar espacios donde la experiencia que se le entregue a los jóvenes les enseñe a vivir en el mundo de constantes cambios que se ha generado hoy en día.
La experiencia de los jóvenes en su ambiente debe estar lleno de participación y responsabilidad personal, de voz y de voto, aprender a poner su identidad en juego. Sólo se aprende poniendo en práctica lo que se va adquiriendo y se integra sólo a través de la acción. Es necesario forjar el carácter a los jóvenes y para ello es importante el entrenamiento y no sólo la transmisión de conocimientos y la corrección ante el error. Uno de los factores protectores que más contribuyen a desarrollar la resiliencia en jóvenes con problemas, es el tener grandes expectativas de lo que pueden lograr, ya que si interiorizan lo que se espera de ellos, esto los motiva y les da la posibilidad para superar riesgos y situaciones adversas.

Las investigaciones sobre resiliencia demuestran la importancia de darle al desarrollo humano un sitio prominente en todo lo que se relaciona al campo de la prevención, educación y al desarrollo de los y las jóvenes. Los estudios sobre resiliencia sugieren que la naturaleza nos ha dotado de mecanismos protectores poderosos para desarrollarnos, (Maston, 1994) que trascienden las fronteras geográficas, étnicas, sociales e históricas. (Werner y Smith, 1992) porque están orientados a nuestra condición humana y responden a esas necesidades básicas de afecto, relación, respeto, retos y estructuras, así como para participar de una manera significativa, para experimentar el sentido de pertenencia y poder, y por último, comprender el significado de la vida.

Asimismo, los estudios realizados sobre resiliencia validan los modelos teóricos anteriores de desarrollo humano, entre los cuales se encuentran los de Erik Erikson, Jean Piaget y Abraham Maslow.

Aunque cada uno tiene un componente psicosocial, moral, espiritual o cognitivo relacionado con el desarrollo humano, todos tienen en común el aspecto biológico de crecimiento y desarrollo (por ejemplo, la naturaleza de los seres humanos para hacer las cosas correctamente) el cual se manifiesta de una forma natural cuando están presentes ciertas propiedades ambientales. Cuando se atenúan las situaciones adversas y se restablecen las necesidades humanas básicas, la resiliencia se manifiesta (Maston,1994).

Dina Krauskopof, en su ensayo anteriormente citado, dice que con la modernización y la globalización, el dominio directo de la familia y el sistema escolar sobre el entorno ha disminuido. La rapidez de los cambios ha conducido a interpretar la realidad con códigos diferentes entre las generaciones. Procura entregar una sistematización esquemática de algunos cambios y efectos claves en la época contemporánea, que pueden ser base para una identidad resiliente:

- Cambios sociales y su impacto en el desarrollo psicosocial
- Globalización.
- Migraciones.
- Multiculturalismo.
- Redes sociales, económicas y comunicaciones.
- Valores, satisfactores y herramientas sociales basadas en países desarrollados.
- Se incrementan las polaridades socioeconómicas.
- Modernización
- Mayor esperanza de vida.
- Familias y educación atravesadas por otras redes.
- Rápida obsolescencia tecnológica.
-Mayores oportunidades para las generaciones jóvenes de manejar nuevos conocimientos.
- Progresiva prolongación de la juventud.
- Consumo
- Bienes y servicios llevan al control anónimo del comportamiento.
- Status e imagen versus logro.
- Relaciones intergeneracionales
- Los avances del conocimiento no son exclusivos de los mayores.
- Se comparten y complementan dudas y certezas.
- Diferentes códigos para interpretar la realidad.
- Las metas juveniles tienden a diferenciarse de las expectativas familiares y del sistema educativo tradicional.
- Necesidad de espacios de interlocución, negociación y participación.
- Nuevas formas y necesidades de comunicación.
- Relaciones intrageneracionales
- Refuerzan los procesos de diferenciación y nuevos aprendizajes sociales.
- Facilita la participación social.
- Contribuye a la identidad social.
- Nuevos códigos de interacción (adultos-jóvenes, hombres-mujeres, formas de participación-comunicación).
- La construcción del rol y el sentido de vida
- Las premisas conocidas no son suficientes para la juventud al enfrentar la aceleración de los cambios.
- El presente se torna preeminente para darle sentido a la vida.

En lugar de claros peldaños hacia la adultez, se deben desarrollar estrategias que incorporen la incertidumbre del futuro, las reelaboraciones de identidades y roles.

Los jóvenes en cuyo ámbito personal, familiar, educativo y socio cultural existen condiciones adecuadas tendrán un mejor logro de su identidad, resolviendo sus crisis adecuadamente y logrando resiliencia en situaciones que a otros los ha conducido a ser personas con serios trastornos neuróticos y psicóticos. Esto será comprobable sólo mediante el estudio y comprobación de hipótesis sobre el y la adolescente, que dejo planteadas, según las observaciones a jóvenes realizadas:

a. El desarrollo del área personal está relacionado con la integración de la identidad.
b. El nivel de realización en el ámbito familiar está relacionado con la integración de la identidad.
c. Un buen nivel de realización en el ámbito educativo está relacionado con la incorporación de la identidad.
d. El nivel adecuado de realización en el ámbito social está relacionado con el logro de la identidad.
e. El nivel y calidad de acompañamiento afectuoso, responsabilidad y participación que el ambiente socio cultural proporcione a sus adolescentes, está relacionado al logro de la integración de identidad e imagen personal como un proceso de resiliencia emocional.

Grotberg (1995) ha creado un modelo donde asegura que es posible caracterizar a un chico resiliente a través de la posesión de condiciones que en el lenguaje se expresan diciendo: “Yo tengo”, “Yo soy”, “Yo estoy”, “Yo puedo”. En todas estas verbalizaciones aparecen los distintos factores de resiliencia, como la autoestima, la confianza en sí mismo y en el entorno, la autonomía y la competencia social. A su vez, la posesión de estas atribuciones verbales puede considerarse como una fuente generadora de resiliencia.

Por ejemplo, así sucede al recurrir a las características de “tengo” personas y organizaciones sociales alrededor en quienes confío y quienes me quieren incondicionalmente, y personas que me ayudan cuando estoy en peligro; éstas pueden tratar al adolescente en una forma que fortalezca las características de “soy” una persona digna de aprecio y cariño y de “estoy” seguro de que todo saldrá bien; las características de “puedo” hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan y también encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.

Se puede explicar estos verbos entendiendo su sentido, tomando en cuenta que el joven expresa sus ideas y sentimientos de la siguiente manera:
- Personas alrededor en quienes confío y quienes me quieren incondicionalmente.
- Personas y estructuras que me ponen límites para que aprenda a evitar peligros o problemas.
- Personas que me muestran por medio de su conducta la manera correcta deproceder.
- Personas y estructuras que quieren que aprenda a desenvolverme solo.
- Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro o cuando necesitoaprender.
- Una persona por la que los otros sienten aprecio y cariño.
- Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.
- Respetuoso de mí mismo y del prójimo.
- Capaz de aprender lo que mis maestros del sistema escolar me enseñan.
- Agradable y comunicativo con mis familiares y vecinos.
- Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.
- Seguro de que todo saldrá bien.
- Triste, lo reconozco y lo expreso con la seguridad de encontrar apoyo.
- Rodeado de compañeros que me aprecian.
- Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.
- Buscar la manera de resolver mis problemas.
- Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.
- Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o para actuar.
- Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.
- Equivocarme y hacer travesuras sin perder el afecto de mis padres.
- Sentir afecto y expresarlo.

Para promover los factores de resiliencia, los padres deberían:
- Proveer afecto incondicional
- Expresar el afecto física y verbalmente, teniendo en cuenta la edad del muchacho.
- Aplicar límites, comportamiento conciliador y recordatorios para ayudar al joven a cumplirlos y evitar sentimientos negativos y respuestas impulsivas.
- Exhibir un comportamiento adecuado que transmita valores y reglas, incluyendo factores de resiliencia.
- Clarificar lo que se espera del adolescente.
- Proveer una guía adecuada para este proceso.
- Estimular la comunicación y la confianza.
- Balancear la autonomía y responsabilidad, con ayuda disponible pero no impuesta.
- Regular las consecuencias de sus errores con afecto y empatía, permitiendo al joven fallar sin sentir demasiado estrés o temor.
- Estimular canales de negociación.
- Estimular al adolescente para que acepte la responsabilidad y las consecuencias de sus errores a través de la transmisión de confianza y optimismo en la mejoría.
- Estimular la flexibilidad en la elección de los factores de resiliencia que utilizará frente a situaciones adversas.
- Usar el humor.

La interrelación entre el humor y la resiliencia puede ser múltiple. A lo mejor el humor relativiza los problemas, sitúa las cosas en perspectiva, hace descubrir aspectos positivos pero insospechados de la realidad, crea vínculos positivos entre las personas e incluso puede revelar el sentido, en la medida en que el humor ayuda a reanudar la vida. El humor que hace reír abiertamente, con todo el corazón y todo el cuerpo, activa a la vez la inteligencia, las emociones y el cuerpo (Vanistendael, 2005).

Así un joven reconocerá su ambiente y a sí mismo con seguridad. Denotando:
- Relaciones confiables.
- Un hogar estable con reglas predecibles y estables.
- Buenos modelos a imitar.
- Estimulación para su autonomía.
- Acceso a la salud, la educación y el bienestar.
- Ser alguien que tiene razones para ser amado y con un temperamento atractivo.
- Empático, sociable, altruista y confiable.
- Cada vez más autónomo e independiente.
- Orgulloso de sí mismo.
- Lleno de esperanza, fe y confianza.
- Con canales directos de comunicación con familia y amigos.
- Controla impulsos.
- Concentrado en metas en estudios o en clases.
- Resuelve problemas.
- Encuentra amigos buenos y confiables (Suárez y Moyano, 2005).

Como agentes de salud y educadores podemos promover la resiliencia si procuramos que la crianza y la educación formal y la informal aumenten las situaciones que producen estas verbalizaciones en cada adolescente que esta en pleno proceso de integración de su identidad.

De hecho es aquí también donde podemos situar la mirada positiva sobre el otro. Esta aceptación toma las formas más variadas en los adolescentes: el otro me ama, me escucha, me dedica tiempo, o todavía más: no me deja caer, incluso si yo hago tonterías, cree verdaderamente en mí.

Pero desarrollar la resiliencia es un paliativo para algunos de nuestros adolescentes ante la carencia de una política social más justa. El enfoque de resiliencia podría llevar a centrar focos específicos de política social pero nunca podrá sustituirla.

En nuestro país, donde existe una Ley de la Persona Joven, el Gobierno ha puesto en acción el Consejo de la Persona Joven, donde la Unidad de Promoción de la Participación Juvenil, es la encargada por ley de elaborar estrategias, instrumentos y mecanismos para promover la participación de las personas jóvenes a nivel de la sociedad civil y de las instituciones del Estado; para lo cual promueve, formula, ejecuta y monitorea modelos de participación de las personas jóvenes en distintos procesos y ámbitos del desarrollo local y nacional.

La puesta en práctica y la facilitación de que la información sea elaborada por y llegue a todos los ámbitos en que se desenvuelven los jóvenes, sería la única forma de que esto sea una realidad a todo nivel y no sólo un manejo político para descargar conciencias de que algo se hace, sin llegar a ser ni efectivo ni democrático. Cualquier programa, por sofisticado y fundamentado que sea, si es vertical es rechazado por la comunidad; "nuestra experiencia nos dicta que los programas deben hacerse con la comunidad y no para la comunidad", (Matarazzi, 1991). Para que un programa tenga éxito se debe asumir una visión diferente del mundo y de la relación de ayuda, sin jerarquías, sino con la activación de los recursos internos que todos los individuos, familias y comunidades tienen para sobrellevar los conflictos y crisis propias de la condición humana.

Para establecer acciones concretas que puedan ayudar a lograr a nuestros y nuestras adolescentes a integrar una identidad resiliente, sería muy útil conocer los resultados de la Primera Encuesta Nacional de Juventud, que se realizó en 2008 con el fin de conocer la situación de las personas jóvenes en Costa Rica y además tratar de satisfacer la necesidad de información para comprender mejor su realidad y generar acciones desde distintas instancias. La información acerca de las personas jóvenes, tiene relevancia política, social, institucional, académica y sicológica en el tanto los resultados sean aplicados en conocer y ayudar a resolver las crisis de la formación de identidad y elaborar propuestas de programas y proyectos concretos e interinstitucionales que ayuden a la participación de nuestra juventud. Sin embargo, sólo con una interacción vivencial con los adolescentes como individuos, no como otro colectivo social, conociendo sus casos individualmente, es que se dará un verdadero aporte en la formación de una identidad e imagen libremente, como proceso de resiliencia emocional que les permita integrarse como miembros activos y realizados en nuestra sociedad.

La resiliencia debería de activar los mecanismos protectores sobre eventos críticos y posibilitar un equilibrio armónico entre los estados de tensión y estrés naturales a la cotidianeidad y los sucesos imprevistos e inesperados que desatan las crisis. Es preparar a los sistemas humanos para que fortalezcan la capacidad de enfrentar la adversidad e incorporarla a los proyectos de vida, como un asunto que no detiene el desarrollo integral sino que le permite reencuadres y cambios de perspectiva. El papel del profesional en las experiencias reseñadas, es de facilitador de procesos de cambio que dependen en lo primordial de la motivación y expectativas de la comunidad, familia o individuo, en una mirada interdisciplinaria que congrega todas las áreas del conocimiento interesadas en promocionar la resiliencia. Según el paradigma contemporáneo la activación de la resiliencia congrega varios saberes en una prospectiva interdisciplinaria, como lo son las áreas de la salud, psicología, la economía, la antropología, la biología, la sociología, el derecho, el trabajo social y la religión.

Ejemplos de Resiliencia

1. Tim Guénard

Cuando tenía tres años su madre le abandonó atado a un poste de electricidad. A los cinco años su padre le dio una paliza que le retuvo en un hospital hasta los siete años. El resto de su infancia la pasó de una casa de acogida a otra, hasta que, ya en la adolescencia y tras varias estancias en la cárcel para menores, vivió la ley de la calle para subsistir. Con esa vida, lo único que le animaba a seguir era el deseo de matar a su padre. Pero el “Big Boss” (como llama a Dios) y el encuentro con personas clave hicieron que su camino diese un giro de 180 grados hacia el perdón y el amor.

Tim Guénard fue un niño rechazado y maltratado por las personas que más le importaban: sus padres. Como su familia no quiso hacerse cargo de él, entró en un orfanato a los siete años donde tampoco nadie lo quiso adoptar. Sufrió el maltrato y el desprecio de las personas encargadas de su cuidado y acabó en un hospital psiquiátrico por un error administrativo. De allí fue a parar a un reformatorio, donde aprendió a pelear y a odiar al mundo entero. Sólo las ganas de matar a su padre le mantuvieron en pie, convertido ya en todo un delincuente a los 12 años.

El círculo vicioso siguió su curso con más huidas, maltratos físicos, vivencias en la calle, una violación y las mafias de la prostitución. Encontró un psicólogo que más bien le destruyó y otro psicólogo que verdaderamente le ayudó. A los 16 años, una jueza (la señora jueza) fue la primera persona que realmente se ocupó de él; le consiguió un trabajo como aprendiz de escultor de gárgolas y, con esta profesión, Tim comenzó a ser alguien.
Tras cumplir la mayoría de edad, el encuentro con otras personas clave le llevaron por un camino de renovación, de perdón y superación de aquella dramática espiral que asoló toda su vida.
Apoyado en el “Big Boss”, Tim es hoy un hombre de casi 50 años, que vive en el sudeste de Francia, cerca de Lourdes, y que está felizmente casado con Martine, con quien tiene cuatro hijos. Un hombre que acoge en su propia casa a personas con problemas, a las que orienta y da ánimos para que encuentren nuevos motivos para vivir, ofreciéndoles un techo y una mano amiga. Un hombre que no olvida la promesa que se hizo en su ­adolescencia: acoger a otros con las mismas necesidades que él sufrió.
Pero la misión de Tim no sólo se desarrolla en Francia, el culmen de su renovación interior fue escribir un libro autobiográfico (Más fuerte que el odio. Gedisa, 2003), donde desgrana con sencillez y sinceridad la historia de su vida. A partir de entonces, acude a donde le llaman para narrar su experiencia, demostrándole al mundo que el hombre es libre de alterar su destino.
Cuando piensa en su infancia, recuerda como su peor recuerdo haber estado tres años en la cama de un hospital por culpa de los golpes que le dio su papá. Cuando bebía, no sabía lo que hacía y le pegaba sin darse cuenta. Lo que más le dolió es que durante ese tiempo de convalecencia, nunca tuvo una visita.
Un día en el hospital, vio que a su compañero de habitación se le cayó el envoltorio de uno de los regalos que recibió. Cogió ese papel y lo escondió. Cuenta en su libro que, a pesar de su situación, este simple papel le ayudó a salir adelante. El papel tenía el dibujo de un tren con vagones llenos de juguetes y un oso de peluche que movía su brazo. Lo escondió en los baños del final del pasillo y todos los días se arrastraba hasta allá (no podía andar) para ver su papel a escondidas; le daba la impresión de que el osito le decía “¡Hola Tim!” y que le daba las buenas noches al final del día. Para él era la única visita (esto demuestra que lo que desechan los demás puede ser importante para otros). Ese papel le dio un poco de calor y suscitó en Tim el deseo de volver a caminar. Gracias a ese esfuerzo para ver su papel de regalo, aprendió a andar nuevamente.

Para integrar una identidad resiliente reconoce que siempre es necesaria la motivación. Tim soñaba que habían metido a su papá en una lavadora y que llegaba todo nuevo. Tenía tantas ganas de un beso o de una mirada, un gesto; pero tristemente nunca llegó. Un día ya no tuvo ganas de eso, tuvo ganas de vivir para matarlo; y el odio le dio fuerza.
Sin embargo, insiste en que el odio y la violencia no son genéticos, ¿cómo romper ese círculo vicioso? Si una persona no sale de su entorno, no se da cuenta de cómo es en realidad y, por desgracia, reproduce esas actitudes inconscientemente. Cuando se ven personas que quieren y son queridas eso ayuda a no reproducir malas conductas. Para los que no tienen cariño, ver a gente con amor es como mirar ese escaparate donde no se puede comprar. Sin embargo, se puede decir: “pues yo algún día viviré de otro modo”. Tim no ha reproducido la violencia simplemente porque encontró a gente que le hizo desear cosas más positivas.

Tim acoge en su familia a jóvenes con problemas, que les ofrece, a diferencia del Servicio del Estado para niños abandonados, que puedan ver que la vida no es una fantasía, que hay otro modo de existir, que cuando uno comete un error puede pedir perdón e intentar no volver a hacerlo. Para que ellos se convenzan, lo tienen que ver en la práctica. Acogen a los jóvenes y delante de ellos viven como una familia normal, por eso no es difícil para ellos imitarlos. Si fueran gente “perfecta” sería difícil imitarles, pero justamente los roces que tienen en la familia dan la oportunidad de crecer. Por eso, los jóvenes piensan: ¿y si yo también fuera capaz de mejorar?

Su mensaje a los adolescentes que tienen la suerte de tener una familia, es que respeten, honren y acepten su familia; que ni aquellas personas a las que más queremos son perfectas. Muchas veces pregunta a la gente: “¿les has dicho a tus padres o a tus hijos que los quieres?”. Y la gente le dice: “ya lo saben”. Para criticar y decir lo malo, la gente no pone medida; sin embargo, cuando toca decir “te quiero” o “estoy orgulloso de ti” muchos se callan. Se anima a los futbolistas o a los ciclistas, pero es necesario que nos animemos entre nosotros. No es necesario ser un famoso para que alguien te anime. Y cuando los jóvenes ven eso, se producen cambios extraordinarios.

Los hijos son un regalo hermoso. Hay espejos para mirarse, peinarse y vestirse, pero el espejo para cambiar tu vida está en aquellos que más quieres. Porque uno solo no puede verse a sí mismo. No es suficiente con decirte que vas a cambiar. Los niños exigen que no te des a medias. Ser adulto es fácil, pero para ser una gran persona, se necesita a los niños.
Sus hijos le dicen que no hubieran querido tener otro papá y eso le hace sentir muy orgulloso. Le dice a sus hijos: “has cambiado mucho, eso está muy bien, ya no te peleas”. Y dice: “si hace algo bien, decírselo; y si hace algo mal, también”. Mi reto es mejorar cada día.

Ha tenido momentos duros pero también luces en la oscuridad: encuentros hermosos como, por ejemplo, con la Madre Teresa de Calcuta en Roma. Para él son caricias del “Big Boss”; la vida no sólo te trata mal, eso únicamente pasa en las malas películas. En la vida real, cuando se escucha a la gente que se ha levantado después de vivir situaciones difíciles, uno se da cuenta de que nadie se levanta solo. Él mismo ha tenido personas en su camino: el indigente que le enseñó a leer, papá Gaby (su padre adoptivo de los servicios sociales del Estado), la buena jueza y el padre Thomas. Todos son como regalos. El regalo más bonito en la vida son las personas que uno ha querido y quiere; y se necesita la vida entera para conocerlas.

2. Iqbal Masih

Hasta hace unos meses Iqbal Masih era un nombre desconocido para mí, probablemente al día de hoy muchos de los habitantes de nuestro planeta en crisis, ni siquiera sepan que Iqbal es un nombre propio. Seguro que una vez que acaben de leer estas líneas, querrán saber más sobre él.

Conocemos muchos nombres de personas que han dedicado su existencia a la lucha por las desigualdades en el mundo, incluso de algunos que han llegado a sacrificar su vida, Iqbal es un desconocido para muchos, pero no por ello, deja de ser uno de los más grandes luchadores por la justicia que han existido en nuestro tiempo.

Iqbal Masih, un niño pakistaní, esclavizado en una fábrica de alfombras. A los 4 años Iqbal fue vendido a un fabricante de alfombras por su padre, a cambio de un préstamo de 600 rupias (equivalente a unos 6 mil colones) que éste necesitaba para hacer frente a los gastos de la boda de su hijo mayor. Iqbal fue obligado a realizar jornadas laborales de más de doce horas, durante las cuales fue encadenado al telar y golpeado en varias ocasiones. Con el tiempo, los intereses de la deuda de su padre se fueron incrementando, por lo que en la práctica, Iqbal permaneció varios años en la esclavitud. Las durísimas condiciones físicas y alimentarias que debió soportar afectaron a su crecimiento, y a los doce años de edad tenía la estatura de un niño de seis.

En 1992, cuando tenía diez años, consiguió escapar de la fábrica, y se dedicó a denunciar la situación de esclavitud en que vivían otros muchos niños de su país, con el apoyo del sindicato Bhatta Mazdoor Mahaz ("Frente de los trabajadores de ladrillos"), Iqbal y otros niños escaparon de su prisión de alfombras y corrieron para celebrar la fiesta del “Día de la Libertad”. Ahí, este pequeño héroe aprendió que era ilegal esclavizar niños, lo cual le empujó a subir al escenario y dar un pequeño discurso que fue publicado el día siguiente en el periódico local, donde decía “Tengo que sentarme en la misma posición durante muchas horas. No me permiten moverme durante mis doce horas de trabajo diario. No nos conceden días libres. Incluso los niños enfermos no pueden descansar, cuelgan a algunos de mis pequeños compañeros cabeza abajo hasta que enferman mucho más. Nos pegan latigazos en la espalda o en la cabeza cuando dormimos o trabajamos más lentos o nos dejan sin comer. Si intentamos escapar nos amenazan con echarnos en aceite hirviendo. Tenemos tanto miedo que no nos atrevemos a ayudarnos los unos a los otros”. Poco tiempo después de este discurso, Iqbal fue liberado por el frente de liberación y pudo acudir a una escuela.

Poco a poco, su experiencia como niño esclavo fue escuchada alrededor del mundo en sus discursos llenos de ánimo, con una cara alegre, sonriente, consciente de su realidad y de su responsabilidad. Soñaba con un día poder convertirse en un gran abogado “Mi sueño es acabar con el trabajo infantil para todos los niños del mundo”. Empezó a luchar para boicotear las industrias de elaboración de alfombras en Pakistán.

Iqbal fue galardonado con varios premios en este tiempo, entre otros premios recibidos en Estocolmo y Boston. En 1994, le concedieron el “Premio a la Juventud en Acción” (un premio otorgado por Reebok, una multinacional que paradójicamente estaba utilizando mano de obra infantil en sus fábricas de Pakistán, la concesión del premio coincidió con un reportaje de la cadena CBS en el que se denunciaba esta paradoja).

El 16 de abril de 1995, Iqbal, un niño que retó a su sociedad al convertirse en católico en un país de mayoría musulmana y que soñaba ser abogado, participó en la Misa de Domingo de Resurrección. Sin embargo, esa tarde salió a pasear en bicicleta en su aldea natal, cerca de Lahore. Fue asesinado a tiros y la mafia de fabricantes de alfombras fue acusada del crimen.

El día de su muerte, Iqbal llevaba en su morral una Biblia y un libro sobre la Pascua, con una imagen de Jesús. Este niño pakistaní es considerado el símbolo de la lucha contra la explotación infantil.
En 2000, a título póstumo, se le concedió el "Premio de los Niños del Mundo".

3. Viktor Frankl
Viktor Frankl nació en Viena en una familia de origen judío. Su padre trabajó duramente desde ser un estenógrafo parlamentario hasta llegar a Ministro de Asuntos Sociales. Desde joven, siendo un estudiante universitario y envuelto en organizaciones juveniles socialistas, Frankl empezó a interesarse en la psicología.
Estudió medicina en la Universidad de Viena y se especializó en neurología y psiquiatría. Desde 1933 hasta 1937 trabajó en el Hospital General de Viena. De 1937 a 1940 practicó la psiquiatría de forma privada. Desde 1940 hasta 1942 dirigió el departamento de neurología del hospital Rothschild (único hospital de Viena donde eran admitidos judíos en aquellos momentos).
En diciembre de 1941 contrajo matrimonio con Tilly Grosser. En otoño de 1942, junto a su esposa y a sus padres, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt. En 1944 fue trasladado a Auschwitz y posteriormente a Kaufering y Türkheim, dos campos de concentración dependientes del de Dachau.
Al vivir en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda, sin nada, pudo sobrevivir a pesar de que todo lo había perdido, de todo lo que había visto destruir a su alrededor. Todo lo que valía la pena se le había arrebatado. Padeció hambre, frío y brutalidades en manos de los guardias nazis. En varias ocasiones estuvo a punto de morir, así como vio la muerte a su alrededor.
Fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración.
Sin embargo, Frankl se dedicó a ayudar a las personas a alcanzar un temple esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades con dignidad, a través del descubrimiento de un sentido para sus vidas. Al descubrir su verdad conveniente y orientadora, el hombre no sólo encuentra un sentido a su vida, sino que descubre qué es lo que la vida espera de él.
Víctor Emil Frankl explica en su libro “El Hombre en busca de sentido”, su experiencia dentro de varios campos de concentración creados por los nazis. Durante esa reclusión tuvo oportunidad de profundizar en estudios y reflexiones precedentes que lo llevaron a formular los principios de la escuela psicológica llamada logoterapia, que está muy relacionado a la identidad resiliente y cuyas líneas básicas ya se vislumbran en este libro.
Tras su liberación, regresó a Viena. En 1945 escribió su famoso libro El hombre en busca de sentido, donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra antes, durante y posterior a su cautiverio. En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre debe encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual. Esta reflexión le sirvió de base para el desarrollo de la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, después del Psicoanálisis de Freud y de la Psicología individual de Adler. Siendo muy joven, había mantenido relación epistolar con Freud, quien le publicó algunos de sus escritos, pero muy pronto abandona la escuela psicoanalítica y se orienta hacia la Psicología individual de Adler, de quien se apartará también junto con Schwarz y Allers (de quienes fue discípulo), por diferencias doctrinales.
Dirigió la policlínica neurológica de Viena hasta 1971. En 1949 recibió el doctorado en Filosofía. En 1955 fue nombrado profesor de la Universidad de Viena. A partir de 1961, Frankl mantuvo cinco puestos como profesor en los Estados Unidos en la Universidad de Harvard y de Stanford, así como en otras como la de Dallas, Pittsburg y San Diego.
Ganó el premio Oskar Pfister de la Sociedad Americana de Psiquiatría, así como otras distinciones de diferentes países europeos. Publicó más de 30 libros, traducidos a numerosos idiomas, impartió cursos y conferencias por todo el mundo, y recibió 29 doctorados Honoris Causa por distintas universidades.
Frankl enseñó en la Universidad de Viena hasta los 85 años de edad de forma regular y fue siempre un gran escalador de montañas, un fiel creyente de Dios y un ser humano feliz y agradecido con la vida. Anteriormente, a los 67 años, había conseguido la licencia de piloto de aviación. Falleció el 2 de septiembre de 1997, en Viena.

Estas historias de resiliencia reales, muestran una serie de matices importantes:

La realidad humana de la resiliencia es verdaderamente un proceso de crecimiento, una evolución positiva a través de grandes dificultades, un crecimiento hacia una nueva etapa de vida, y no únicamente un simple rebote como el de un resorte que vuelve a su forma original o como el concepto físico de la resiliencia.
Se trata de una capacidad para sobreponerse a las dificultades y de crecer en la duración de las mismas. Se podría considerar como una pequeña definición pragmática de la resiliencia.
Esta capacidad se apoya menos en la fuerza que en una serie de elementos positivos como la amistad, el proyecto de vida, una espiritualidad, que permitan la construcción o la reconstrucción de la vida.
Esta capacidad nunca es absoluta.
Esta capacidad se presenta bajo la forma de un proceso de vida que se construye con otras personas del entorno, y que permanece siempre variable.
Normalmente este proceso necesita la articulación de responsabilidades entre diferentes personas, diferentes grupos, diferentes niveles en la sociedad y comprende la responsabilidad –a veces pequeña pero siempre bien real- del sujeto para con su propio futuro.
Es un proceso orientado y motivado por una ética profunda.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Taller sobre Resiliencia UNIBE

El Taller sobre Resiliencia y Terapia de Juego, impartido por la Dra. Anne Steward fue interesante y muy participativo, aunque no senti aprender mayor cosa de lo que ya, debido a la investigacion del atelier, he ido adquiriendo; sin embargo me fue ilustrativo que la mayoria de los profesionales dieron su aporte en cuanto a intervenciones y experiencia.
La resiliencia se tomo principalmente como proceso en ninos y desde la experiencia de la expositora quien labora en una ONG que ayuda a comunidades sobrevivientes a catastrofes naturales.
La Resiliencia: es una capacidad que todos tenemos, pero que depende mucho del desarrollo y estimulacion que tengamos esta se va a manifestar o se va a inhibir.
No es un proceso individual sino que puede depender del grupo donde se desarrolle la persona y puede ayudar a mantener los grupos unidos sobre todo si la accion de apoyo se da en grupos de redes donde todos participen a niveles diferentes en apoyar a los diferentes actores sociales. La competencia que en otros momentos se ha dado puede convertirse en sistemas cooperativos que permitan colaborar para lograr un fin comun, o en el caso individual, lograr alcanzar un objetivo que permita mejorar la calidad de vida de uno y de todos.
El termino proviene de la palabra latina resiliere, que indica rebotar, caer y volver a su lugar original. Anteriormente se creia era un rasgo de personalidad pero se entiende hoy en dia como un proceso de recuperacion post crisis que necesita refuerzo y apoyo. Para el crecimiento posterior de una persona que ha vivido un evento traumatico la resiliencia se debe tomar como un abordaje universal, tomando todos los aspectos que infieren con la persona y el evento.
Todos tenemos dosis saludables de resiliencia, hemos experimentado superar cosas en la vida que consideramos haberlo hacer exitosamente. La Resiliencia nos permite prevenir, minimizar, o sobreponernos a las adversidades.
Toda perdida nos provova crisis, que si bien nos pone en peligro y nos hace tomar desiciones abruptas, nos da la oportunidad para pasar de ser victimas a ser supervivientes.
Las teorias del abordaje de casos que han pasado adversidades son principios basicos para comprender la experiencia que desenboco en crisis y poder encajar el caso para poder dar una terapia efectiva. El conocimiento clinico tiene que nutrir y apoyar al sobreviviente (superviviente) y no enfocarlo como victima, ayudarlo a confrontar su adversidad como oportunidad de salir adelante y no como evento que le frustro definitivamente. Que descubra que elementos cuenta para salir adelante y monte su plan de accion para salir avante.
La terapia de juego es aplicable a todo nivel generacional y grupal y el objetivo debe ser reducir peligro fisico y psicologico y destacar las oportunidades. Los juegos ayudan a desarrollar destrezas de desarrollo humano en problemas y ensayar a tomar desiciones asertivamente. El juego, sabiendolo desarrollar y motivar, resulta agradable y enriquecedor, la participacion puede ser grupal o individual y aplicable con objetos (equipo) o si ellos.
Al aplicar una terapia de juego deben seleccionarse juguetes que sean representativos al caso, al elegir el juguete para una persona debe hacerse por seleccion y no por coleccion, tratando de que el juguete sea un instrumento de desarrollo y no un articulo de almacenamiento. Es importante su valor simbolico o su instrumentalizacion simbolica.
El juego, como experiencia de desarrollo de resiliencia, debe brindar oportunidades para crear que las personas expresen mediante el su experiencia traumatica y sus emociones.
Las alteraciones de alimentacion y sueno son comunes en las crisis, sin embargo deben ser vigiladas para que no desencadenes patologias que afecten mayormente a la persona. Mediante el juego es posible descubrir las reacciones que ayuden a diagnosticar los casos.
Las actividades deben ser atractivas y divertidas tanto para el terapista como para las personas que estan recibiendo la terapia. Deben promover disminuir el aislamiento y la retraccion, asi como hacer que la interaccion ayude a comunicar el evento traumatico y su reacciones emocionales y una vez expresadas, ayudar a cambiar las ideas o ayudar al desarrollo de ideas nuevas que reduzcan la tension, la frustracion, el miedo y la culpa.
La resiliencia debe de apoyarse y desarrollarse en atencion a las caracteristicas de la persona y su experiencia, pero con el objetivo de descubrir los mecanismos de sobrevivencia y como operarlos cotidianamente.
Para el diagnostico, el reforzamiento de las emociones positivas y de mirar nuevas salidas a la crisis, se nos ensenaron diversos juegos que permiten variaciones y ser aplicados en diferentes personas y crisis. Algo desacable fue la experiencia descrita por la expositora a nivel internacional, donde los rituales y las rutinas son importantes como demostracion de afecto y contacto social en personas sobrevivientes que buscan retomar el sentido der orgullo y el sentimiento de honor y seguridad.